Las Constituciones según Espartero

En esta ocasión incluyó textos, entresacados de la documentación que tengo, sobre la opinión de Espartero de la libertad de elección y las Constituciones.

Para algunos todas las constituciones son buenas y dicen que el caso es observarlas, pero yo no estoy conforme con esa generalidad, pues las constituciones, como todo, pueden ser buenas y pueden ser malas.

Las que se fundan en la naturaleza del hombre creado libre por el Hacedor, y le consideran igual ante la ley al que por sus riquezas o por su alcurnia pretende un origen más elevado y aún privilegiado, son buenas.

Las que crean jerarquías políticas son malas, porque faltando a la igualdad, humillan a los hombres, quienes acaso transmiten a su descendencia un puesto político que puramente debe ser personal, si lo merecen, y hasta donde lo merezcan. Dejad a las consideraciones sociales arreglar estos asuntos; pero no mezcléis la autoridad de la ley ni su fuerza en ellos.

Yo respeto al virtuoso, porque me edifica; al sabio, porque me aconseja; al rico, porque necesito de su bondad y de sus auxilios; al ilustre porque me recuerda la tradición de hechos heroicos y me enseña el camino el honor y de la gloria; y para esto no necesito más que la benevolencia que me inculcaron mis padres y mis maestros con sus palabras y con sus ejemplos. No quiero que me lo impongan los legisladores políticos, porque le quitan el mérito y me ofenden. También debo respetar al anciano, porque me re recuerda que yo lo seré necesariamente, y también al pobre, porque me advierte que yo podré llegar a serlo, cuando él mejore de fortuna.

Los llamados derechos políticos no son otra cosa que ejercicios de la libertad y facultad humanas concedidos al hombre; y el quitárselos, es un atentado, porque los tiene por Dios y la naturaleza. Así es que el derecho electoral restringido a clases determinadas, y sujeto a la cuantía de la materia imponible para contribuir al Erario o a una cantidad fija de contribución, es además una injusticia altamente irrisoria en un país gobernado constitucionalmente. Por eso los mismos reyes absolutos, entre nosotros, no privaron del sufragio al vecino, por solo el hecho de ser hombre interesado en la conservación de la sociedad, en todo lo que se refería al gobierno del municipio, ya que entonces no hubiere otras elecciones populares y políticas; y eso era, porque conocían que el que tiene poco, lo estima tanto como el que tiene mucho, y si caso más.

Las constituciones y los derechos políticos en ellas y en las leyes que de ellas emanan, se fijan, parten de un mismo origen: de la naturaleza del hombre, de su estudio, de sus medios, de sus facultades, de sus fines. Por eso se deben dictar mirando al cielo, así como cuando se sancionan contra la arbitrariedad del que manda, se debe mirar a la tierra, porque ese abusa más fácilmente del poder cuanto más se habitúa el hombre a mirarlo como un derecho, cuando no es más que una concesión.