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Reflexiones sobre la estupidez económica humana

Aunque pueda parecer demasiado duro, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “Estupidez” como “Torpeza notable en comprender las cosas”. Y el ser humano, al menos desde mi punto de vista, parece no haber entendido que la economía es una ciencia social que se ocupa de las personas, de sus decisiones y acciones y no de la acumulación de capital ni de la distribución de los recursos escasos.

Y como muestra veamos unos paradigmas.

Paradigma a)

  • Las tres personas más ricas del mundo, Bill Gates, Carlos Slim y Warren Buffet[1] acumulan una fortuna de 120 billones de dólares.

  • El producto interior bruto de los 48 países más pobres del mundo asciende a 78,2 billones de dólares. Con él malviven 2.500.000.000 (dos mil quinientos millones) de personas.

Paradigma b)

La distancia entre los países más pobres de la tierra y los más ricos se ha incrementado en los últimos años.

  • 3 a 1 en 1820.

  • 11 a 1 en 1913.

  • 35 a 1 en 1950.

  • 44 a 1 en 1973.

  • 72 a 1 en 1992.

  • 106 a 1 en 1994.

  • 198 a 1 en 2008.

Paradigma c)

Del análisis de los gastos globales en el año 2008 (datos en billones de dólares), se destinaron 6 billion $ a educación básica en el mundo. El gasto en otros conceptos en el mismo ejercicio en billones de dólares fue de:

  • Cosméticos en los Estados Unidos 8

  • Agua y saneamiento en el Mundo 9

  • Helados en Europa 11

  • Salud reproductiva para todas las mujeres del Mundo 12

  • Perfumes en Europa y Estados Unidos             12

  • Salud básica y nutrición individual en el Mundo 13

  • Comida para mascotas en Europa y Estados Unidos 27

  • Entretenimiento de negocios en Japón             45

  • Cigarrillos (tabaco) en Europa             60

  • Bebidas alcohólicas en Europa             205

  • Drogas en el mundo 600

  • Gasto militar en el mundo 980

¿No es estúpido que destinemos más del doble a alimentar a las mascotas que a la salud y nutrición de las personas en el mundo?

Paradigma d)

Se estima que el número de parados en el mundo (donde existe el trabajo) a finales del año 2009 ascendía a 230 millones de personas, mientras:

  • El 64% de los empleados dicen que está deprimidos, ansiosos y que les gustaría trabajar en otro sitio.

  • El 74% de los trabajadores están desenganchados y se les cae el bolígrafo a la hora de terminar la jornada.

  • El 87% de los trabajadores no le encuentra ningún sentido a lo que hace y sólo trabajan por el salario.

Nietzsche dijo que “Quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo”. Y Nelson Mandela acuñó la frase: “Together we’ll build a brighter future” (juntos vamos a construir un futuro mejor).

Y ahora como economista de profesión me pregunto ¿cuál es la aportación actual y cuál debería ser? El dicho dice que sabemos predecir el pasado maravillosamente, pero no tenemos ni idea del futuro. Parafraseando a Buchanan[2], esto es de sentido común, detenerse en algún momento en el andar y consultar un mapa, ver si se está dentro del camino. Después de todo, es responsabilidad profesional el que los propios economistas conozcan el objeto de su materia.

Y analizando al ser humano, una de las propensiones propias es el comercio y el intercambio. Los economistas deberían responder a ello y dejar a un lado la teoría de la asignación de los recursos. Siempre prevalece en la concepción económica, como uno de los problemas que los recursos son escasos, y el conflicto como el de asignación de los mismos a alternativas y fines que compiten entre sí. Aceptar esta idea equivale a aceptar un problema de la cantidad de recursos que es necesaria porque son limitados y es necesario decidir la asignación. Y así para que exista el primer mundo es necesario que exista el tercero asignando las políticas económicas los recursos escasos a: potingues, alimento para mascotas, etc. en el primer mundo, mientras que para el tercer mundo no quedan. No es posible que el ser humano crea que el centro de la decisión es la asignación de los recursos disponibles sino que debería centrarse en la decisión sobre que debe producirse en función de las necesidades de las personas, comerciarse e intercambiarse, si debe incrementarse la producción, mejoras, etc.[3], y si esto es así que lo primordial, lo primero no es asignar los recursos escasos sino la decisión (ante todo que todas las personas tengan cubiertas sus necesidades básicas: alimentación, higiene, salud primaria,…). Hay que hacer las “cosas buenas”.

Pero nada es gratis, y como dice la metáfora del gusano, no hay cambio sin esfuerzo. No hay cosas buenas sin trabajo. Y en la época de adelgace sin esfuerzo, inglés sin esfuerzo, gane dinero sin esfuerzo, haga gimnasia sin esfuerzo (hagan la prueba y pongan la palabra “sin esfuerzo” en cualquier buscador de internet), cuando menos resulta arriesgado hacer una propuesta de cambio cultural que supone el desempeño de todos, máxime cuando los movimientos culturales son complejos y la movilidad de los supuestos básicos es difícil. Por tanto nos queda movilizar a la sociedad (entendida como un sistema), de cuadrante, pasando de misionero a cualquiera de los planos efectivos.

[1] Warren Buffet ha acuñado distintas frases. Una de ellas es “El precio es lo que se paga. El valor es lo que se obtiene.”

[2] James M. Buchanan. “Qué deberían hacer los economistas”. http://www.eumed.net/cursecon/textos/Buchanan-economistas.pdf. Website: www.eudmet.net

[3] Itamar Rogovsky lo denomina hacer las cosas con eficiencia o hacer las cosas buenas. Máster de Valladolid. Sesión del día 12 de marzo de 2010.

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