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Contando la Vicalvarada de otra forma

Después de que Espartero tuviera que exiliarse para no forzar una guerra civil nuevamente en España, la vuelta de María Cristina con su hija Isabel II, había supuesto la vuelta de los negocios algo más que turbios, aunque no era, ni mucho menos, la única y sino pregunten por los negocios de Serrano y Salamanca por ejemplo. La viuda de Fernando VII, en su nuevo matrimonio morganático con Fernando Muñoz (el que le prestó un pañuelo después de sangrar por la nariz al recibir un golpe en el carruaje a María Cristina y quien respondió a la galantería teniendo hijos con él incluso cuando era regente y debía permanecer viuda para serlo), jugaba a la Bolsa con información privilegiada y cobraba comisiones por las concesiones del ferrocarril y otras obras públicas.

España estaba en los albores de la revolución industrial, y el nombre de María Cristina era, en aquel tiempo, sinónimo de tráfico de influencias, de información privilegiada, de cobro de comisiones de todo tipo y más en los contratos de abastecimiento a las tropas y al Estado.

Alcanzo tanta impopularidad que el palacio de las Rejas, que se llamaba así porque estaba justo en la esquina de esta calle (ahora se llama Plaza de la Marina Española, muy cerca del Senado), que era donde vivía, desde donde intrigaba y hacía las corruptelas en el que ella residía, fue atacado el 17 de julio de 1854. La Revolución de 1854, conocida como la Vilcalvarada, iniciada por Leopoldo O’Donnell en el pueblo que le da nombre al ser el sitio donde se enfrentaron las tropas, estalló y una multitud asaltó el palacio de María Cristina, barriendo con todo lo que encontraron a su paso. Cánovas del Castillo redactó entonces un manifiesto en el que pidió que el trono perviviera, «pero sin camarilla que lo deshonre».

María Cristina huyó al palacio de Oriente. Isabel II  estaba al borde de su caída. Para evitarlo llamó al General Espartero, quien estaba retirado en Logroño, y quien fue a regañadientes. La reina no es que fuera fan del militar y más cuando le advirtió que el podía apaciguar las calles pero previamente ella debía arreglar sus asuntos privados.

Isabel se había casado con su primo D. Francisco de Asís de Borbón, quién nunca le daría hijos por dos motivos: el problema de hipospadias que lo hacía imposible en aquella época y porque realmente lo que compartían entre los dos eran los amantes. La reina Isabel II lo sorteo con una retahíla de mancebos, y pagando un millón de reales a su marido por el reconocimiento de los hijos que fueron naciendo.

D. Baldomero Espartero aceptó entrar en Madrid el 28 de julio para limpiar los salones del poder de los mangantes más notorios, y con tres condiciones: Cortes Constituyentes para elaborar una real parecida a La Pepa, que se juzgase a María Cristina por malversación y que se hiciera un manifiesto reconociendo los errores. María Cristina partió para Francia. Sin embargo sabía que a la menor oportunidad no le dejarían gobernar, que sus leyes no serían sancionadas, y en particular las que se encontrasen con los intereses de O’Donnell como en el caso, así lo afirmaron los informes británicos indicando que Leopoldo había acumulado un gran capital dejándose sobornar por los negreros a razón de tres onzas de oro por negro boca introducido a través del comercio clandestino. Espartero estuvo en lo cierto, sólo le llamaron por su prestigio con el pueblo, para calmar las calles, siendo desde el principio el objetivo que O’Donnell fuera el que controlase todo. Baldomero dimitió y dijo a la reina Isabel «Cuando la revolución vuelva a llamar a su puerta, no se acuerde de mi persona».

La llegada de Espartero supuso el exilio definitivo de María Cristina, quien ya había tenido que abandonar España unos años antes. Ocurrió en 1840, cuando siendo oficialmente la reina regente (Isabel era una niña) se desplazó a Barcelona «con el pretexto de tomar las aguas de Caldas, y para ello llevaba dentro de su Comitiva a la Duquesa de la Victoria, la mujer de Espartero, Dª Jacinta. Su verdadero propósito era entrevistarse con Baldomero, reciente vencedor de la Primera Guerra Carlista, tratando de hacerle partícipe de la importancia de la Ley de Ayuntamientos, retirando las competencias que durante la contienda; pero los liberales se oponían y el país estaba a las puertas de un enfrentamiento político.

La Reina Regente espetó a Baldomero que como militar aceptaba sus consejos pero no en el plano político cuando este le dijo que no sancionase la Ley. A cambió recibió la orden de apaciguar la revuelta poniéndose al frente de las tropas cosa que no hizo, presentando la dimensión y renuncia a todos sus cargos y títulos. La reina firmó por despecho la Ley haciendo oídos sordos a la solicitud de Baldomero y más después de la calurosa acogida que el pueblo de Barcelona le había dispensado al General.

La gente aclamó a Espartero a la vez que amenazó de muerte a María Cristina y a sus ministros. A esta no le quedó más remedio que pedir ayuda al general, quién puso la condición de que retirase la ley municipal. Al final se levantó Madrid donde hubo hasta muertos. Espartero fue llamado a formar un nuevo gabinete, pero la crisis no se cerró.  Espartero solicitó, dicen que de rodillas -yo no lo creo- cuando María Cristina le comunicó su renuncia que no lo hiciera, apelando a sus dos hijas. La respuesta fue «Me voy tranquila pues las dejo contigo».

María Cristina recogió todo lo que estuvo a su alcance: dinero, joyas, plata, oro, vamos que dicen que no dejó ni seis cucharas en palacio y se llevó hasta las sábanas. Y ya en Francia se dispuso a arreglar su matrimonio morganático y las relaciones con el Papa, y así viajó a Roma para pedir al papa Gregorio XVI perdón, renegando de las leyes que había firmado contra la iglesia. Los muñoces, como se conocieron a los hijos de ambos, pasaron a ser reconocidos, y a disfrutar de la fortuna que habían sustraído a los españoles.

Conferencia en el Ateneo sobre el General Espartero, biografía novelada «Lo que siempre quise contar de mi vida»

Fue una magnifica tarde en el Ateneo. Hubo preguntas y tertulia muy interesante al final. Nos fuimos a una hora y tres cuartos con todo. La sala estuvo llena, y estuve rodeado de amigos y amigas, de personas que disfrutan de la historia, de mi familia Ángela Inocente y Emi. Y sobre todo de gente que me transmitió su cariño y calor. Si porque asistieron desde el trabajo bastantes personas, pero no por esa condición sino por ser amigos y amigas. Al final algunos miembros del Ateneo solicitaron que repitiera como tertuliano, como conferenciante, cosa que por supuesto haré.

Estuvo D. Juan Antonio Callejas, alcalde de Villamayor, lugar de nacimiento de la madre de Espartero. También es congresista ya que ha salido electo por Ciudad Real en las últimas elecciones.

Hay que decir que asistir esa noche fue un acto de mucha voluntad. La noche no es que fuera mala,  era peor: Viento fuerte, lloviendo, frío, etc.

Gracias!!!!! Gracias!!!!!

Os dejo alguna foto que me han enviado y también el artículo publicado en el periódico La Comarca de Puertollano.

Cómo conseguir el libro «Biografía novelada del General Espartero, lo que siempre quise contar de mi vida»

Hola.

Ante las muchas consultas que estoy recibiendo sobre cómo conseguir el libro «Lo que siempre quise contar de mi vida, biografía novelada del General Espartero», os informo de las dos posibilidades que existen:

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Capitalismo y marxismo, ¿dos caras de la misma moneda?

Nadie combate la libertad; a lo sumo combate la libertad de los demás. La libertad ha existido siempre, pero unas veces como privilegio de algunos, otras veces como derecho de todos.[1]

Sí llegamos a la consecuencia de que el keynesianismo no sirve como salida y que la política monetarista y neoliberal está fracasando, a todas luces, desde el punto de vista de las personas y está produciendo efectos todavía más perniciosos; basar el crecimiento y la salida de la crisis aumentando los pobres, los excluidos y el tercer mundo y en la sobreexplotación de los trabajadores –principalmente de la clase media, quienes trabajarán más por menor precio y con menos derechos- , la creación de necesidades superfluas capaces de mantener el consumismo, el empobrecimiento de la sociedad, el desmantelamiento de una serie de logros sociales con la flexibilización del mercado laboral, la  congelación sino disminución de los servicios sociales (sanidad, educación, subsidio de desempleo, etc.), y el paro masivo, quizás evite al crisis  de capital pero no social.

Joseph Stiglitz[2], premio Nobel de Economía, acuñó en uno de sus artículos la siguiente frase: “Una economía en la que, año tras año, la mayoría de los ciudadanos viven peor NO es un éxito”.

Quizás la alternativa esté planteada desde hace tiempo, el marxismo y el socialismo, como alternativa al sistema capitalista. Pero ¿servirán estas ideas para encontrar un modelo alternativo, una salida? ¿O es lo mismo al final en cuanto a las consecuencias reales de ambos sistemas: capitalismo y marxismo?

Karl Marx desarrollo unas doctrinas políticas y filosóficas en colaboración con  Engels. Ambos estuvieron influenciados en la filosofía alemana de Hegel y de Feuerbach, la economía política inglesa de Adam Smith y de David Ricardo, y el socialismo y comunismo francés de Saint-Simon.

Los marxistas consideran que la sociedad capitalista se divide en clases sociales, de las que toman en consideración especialmente dos:

La clase trabajadora o proletariado: “Individuos que venden su mano de obra y no poseen los medios de producción”, a quienes consideraba responsables de crear la riqueza de una sociedad (edificios, carreteras, puentes, por ejemplo son construidos físicamente por miembros de esta clase; también los servicios son prestados por asalariados). El proletariado puede dividirse, a su vez, en proletariado ordinario y lumpenproletariado, los que viven en pobreza extrema y no pueden hallar trabajo lícito con regularidad: prostitutas, mendigos o indigentes, etc.

La burguesía: Posee los medios de producción y emplea al proletariado. La burguesía puede dividirse, a su vez, en la burguesía muy rica y la pequeña burguesía (emplean la mano de obra y también trabajan). Éstos pueden ser pequeños propietarios, campesinos, terratenientes o comerciantes.

Para Marx, el comunismo sería una forma social en la que la división en clases habría terminado y la estructura económica sería producto de la asociación de los productores libres, y el producto social se distribuiría según el criterio de cada cual de acuerdo a su capacidad y según las necesidades.

Determinada corriente socialista opinaba que la clase trabajadora debía apropiarse del Estado capitalista[3]y convertirlo en un Estado revolucionario obrero que implantaría las estructuras democráticas necesarias para luego marchitarse. Esta división frente al Estado marcó la división separación entre marxistas y anarquistas.

El marxista proyecta la formación de un individuo superior, emancipado y desarrollado en todos los aspectos: espiritual, ética, físico y estéticamente. El hombre es a la vez que creador y resultado de la sociedad en que vive.

El hombre transforma la naturaleza y crea objetos mediante el trabajo. Es, por tanto, una obra humana. Por medio del trabajo el hombre pone la naturaleza a su servicio. Si el trabajo es de este modo, la autoexpresión del hombre y el proceso de su autodesarrollo, debería ser pues, fuente de satisfacción para éste, pero pierde esta condición en el proceso de su enajenación, en la conversión del trabajador en mercancía, por la división social del trabajo, que en las condiciones de la propiedad privada, lo reduce a una fracción.

Marx analiza la relación existente entre propiedad privada y trabajo enajenado. Éste se vincula con la naturaleza esencial de la propiedad privada y con su desarrollo, por lo que la eliminación de la propiedad privada en una etapa del desarrollo social -la revolución social del proletariado- implica simultáneamente la eliminación del trabajo enajenado.

Para Marx las actividades espirituales y materiales, el disfrute y el trabajo, la producción y el consumo, se asigna a diferentes individuos, y la posibilidad de que no caigan en contradicción reside solamente en que vuelva a abandonarse la división del trabajo», «… división del trabajo y propiedad privada -escribió Marx- son términos idénticos: uno de ellos dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de ésta».

En el capitalismo la división del trabajo se desarrolla de modo espontáneo. La división del trabajo implica un carácter cada vez más social, mientras que la apropiación de los resultados del trabajo sigue siendo cada vez más privada. Sólo al cambiar el carácter de esa división se crean las condiciones para el completo desarrollo del hombre.

La solución es que la sociedad se adueñe de todos los medios de producción y los emplee de forma social y planificada, de esta forma acaba con la sumisión del hombre bajo el dominio de sus propios medios de producción, y como condición, debe desaparecer la división del trabajo.

Su lugar debe ocuparlo una organización de la producción en que, de un lado, ningún individuo pueda desatenderse de su parte de trabajo productivo, que es condición natural de toda existencia humana, cargándola sobre otros y en la que, de otra parte, el trabajo productivo se convierta, de medio de esclavización, en medio de emancipación del hombre, que brinde a todo individuo la posibilidad de desarrollar y ejercitar en todos los sentidos todas sus capacidades, tanto físicas como espirituales, y se transforme de una carga en un goce.

«Sustituir al individuo parcial, simple instrumento de una función social de detalle, por el individuo desarrollado en su totalidad, para quien las diversas funciones sociales no son más que otras tantas manifestaciones de actividad que se turnan y revelan». Para ello deben surgir los productores dueños de sus condiciones de producción, formados y capacitados, con conocimientos científicos de toda la producción industrial y de todas las ramas de la producción de principio a fin.

¿Pero qué fue lo que hizo que el sistema socialista no funcionase y al final se implantase dentro de éste nódulos del sistema capitalista?

La concepción de lucha obrera, de lucha de clases está desfasada. Los propietarios de las empresas y de los medios productivos son los mismos que trabajan para ellas. Quizás sin saberlo. Sí porque cuando ahorramos en un plan de pensiones éste invierte en empresas, en capital, en fondos que a su vez sirven para financiar capital. También cuando depositamos los fondos en un banco, los mayores compradores de acciones de empresas. Y cómo no cuando compramos directamente fondos de inversión, acciones, etc.

Esto ha supuesto, en el capitalismo, el nacimiento de una clase “dirigente”, clase con salarios astronómicos que gobiernan y toman decisiones sobre empresas que no son suyas, sobre las cuales poseen el cero coma algo del capital. Esto recuerda al planteamiento socialista donde los propios trabajadores no eran dueños de su trabajo porque las empresas socializadas eran dirigidas también por esa clase “cabecilla”.

No se consiguió el objetivo de crear unas personas que piensen diferente, pero sin menospreciar los valores morales creados por las sociedades que le antecedieron, dominando la cultura; y concebir que el hombre se realiza en su trabajo. Pero esto es cierto solo a medias, ya que el hombre también puede realizarse por el no trabajo. Y entonces entramos en una diatriba ya que si no se realiza trabajo y sólo consume el sistema no funciona.

Podemos decir que la teoría marxista concibe al hombre nuevo, como aquel hombre capaz de transformarse a sí mismo, de apropiarse de forma dialéctica de valores nuevos, de interpretar y transformar la realidad, al tiempo que se enriquece su propia esencia. Para ello deben desaparecer todas las formas de enajenación social, en primer lugar las económicas.

Y dicho esto lo que no podemos olvidar es que el hombre y la mujer deben cubrir sus necesidades “con el sudor de su frente” y no “con el sudor del de enfrente”. Y es aquí donde los sistemas basados en el marximo, los socialistas, etc. fracasaron, ya que no consideraron que las personas también tienen la capacidad de ser parásitos del sistema sin intención de producir ni en el sistema capitalista ni en el socialista. Más allá de los motivos personales no existe motivación para entregar al sistema lo mejor de cada persona si no se obtiene algo a cambio, o si lo que se obtiene es lo mismo que puede obtener otro que no lo entregue todo. Así impera la ley del mínimo esfuerzo[4].

La clase política no maximiza sus acciones políticas en función de las personas sino en función de los acuerdos políticos necesarios para obtener los votos suficientes y de realizar aquellas acciones que políticamente sean rentables de cara la permanencia en el poder.Ya hemos citado como otros pensadores socialistas afirmaron que el estado o cualquier forma de autoridad y centralización de poder era el problema y que destruirlo debía ser el objetivo de toda actividad revolucionaria.

El marxismo y el capitalismo son dos caras de una misma moneda astutamente utilizada por un poder mundial que está en manos de dirigentes y presidentes de empresas y de políticos desnacionalizados.[5]Friedrich August von Hayek[6]ha sido también uno de los mayores críticos de la economía planificada y socialista ya “que conducen al totalitarismo y a la ausencia de la libertad para el desarrollo individual”.

[1]Karl Marx y Friederich Engels. “El manifiesto comunista”. Ed. Librería Universitaria de Barcelona. 1997

[2]Joseph Stiglitz, en el website http://www.josephstiglitz.com/

[3]Lenin en su obra “El Estado y la Revolución” explica que el estado burgués debe ser destruido para luego instaurar un estado revolucionario y que sería este estado quien se extinguiría conforme desaparezcan las contradicciones de clase (El Estado y la Revolución). Por otro lado, otros pensadores socialistas como Bakunin afirmaron que el estado o cualquier forma de autoridad y centralización de poder era el problema y que destruirlo debía ser el objetivo de toda actividad revolucionaria.

[4]La ley del mínimo esfuerzo reina en la empresa.Un estudio revela que sólo un 21% de los empleados se esfuerzan para garantizar el éxito de la compañía. Publicado en el periódico El País el 22/10/2007.

[5]Idea tomada y reformulada del blog http://boards5.melodysoft.com/FORO-DE-GNOSIS-HIPERBOREA/marxismo-vs-capitalismo-5.html.

[6]Friedrich August von Hayek, filósofo y economista de la Escuela Austríaca mantiene esta teoría en su libro “Camino de servidumbre: Obras completas”. Ed. Unión Editorial, S.A., 2008.