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Pensamiento crítico

Os dejo este video que habla sobre el Pensamiento, qué es pensar, añadiendo crítico. Está dirigido a la formación, a la enseñanza, cambiando la perspectiva de la educación desde, sirva la comparación, una jarra a la que hay que llenar con conocimientos, a dar las herramientas para que cada persona llene su propia jarra y sea capaz de vaciarla, rellenarla, etc.
Personalmente, ver este video, coincide en un momento de la vida de cambio, en el trabajo cambiando la mirada y haciendo que las cosas se puedan ver desde otro ángulo, buscando soluciones e incorporando el valor del grupo, del pensamiento del grupo, del análisis; a la parte personal yendo desde el recibe información, instrucciones, asume y trabaja a otro estatus más importante en mi opinión: piensa, cambia y adapta. Y en ese camino, y con todo el respeto necesario, diciendo lo que se piensa guste o no, porque si no se comparten las opiniones no habrá mejora, valor añadido de todos.

Diversidad

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define diversidad como:

  1. Variedad, desemejanza, diferencia.

  2. Abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas.

Igualdad no significa identidad en el sentido de que todo sea igual o idéntico, sino en todo caso semejante o equivalente, lo que significa otorgar igual valoración. Promover la igualdad significa intentar acabar con las discriminaciones basadas en la edad, sexo, raza, ideología, religión, discapacidad, etc., otorgando el mismo valor, los mismos derechos y las mismas oportunidades.

El principio de igualdad incluye todas las acciones positivas que se realicen para conseguir eliminar el trato desigual a lo que de hecho es lo mismo; es decir, intervenciones que buscan superar todos los obstáculos que la sociedad pone al reconocimiento pleno de la igualdad.

Entre las medidas para garantizar el trato igualitario en todos los ámbitos de la entidad (voluntariado, personal laboral, socios, colaboradores, etc.) podemos citar los siguientes campos de actuación:

  • Procesos de captación, selección e incorporación no discriminatoria[1].

  • Gestión de la formación atendiendo a las condiciones y posiciones estratégicas en la organización.

  • Conciliación entre la vida profesional, laboral y personal.

  • Revisión y diseño de una política salarial basada en criterios objetivos.

  • Comunicación interna y externa orientada a la inclusión.

  • Salud laboral y prevención de riesgos desde la perspectiva de las necesidades diferenciales entre sexos, capacidades diferentes, cultura, etc.

  • Prevenir y sancionar las situaciones de cualquier tipo de acoso y abuso.

  • La estrategia diseñada para conseguir que las preocupaciones y experiencias de todas las personas que se relacionan con la entidad sean parte integrante en la puesta en marcha de sus programas y políticas (transversalidad).

[1] Valoración de la capacidad, mérito y conocimiento.

Para reflexionar, lee este artículo de Pérez Reverte

solidarios voluntarios«Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario ‘Pueblo’ los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse. Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto.

Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al Ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá –de sirios y troyanos, oí decir el otro día–. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí –imagínense cómo se agobian éstas– y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa.»

Arturo Pérez Reverte

Genialidad de Muñoz Seca

Corral de Comedias de AlmagroD. Pedro Muñoz Seca, celebre autor de La venganza de D. Mendo, vivía en Madrid, en una finca de la C/ Velázquez, y con pocos días de diferencia fallecieron los porteros de dica finca, una venerable pareja de ancianos, querida y respetada por todos, fueron enterrados juntos, y uno de sus hijos, le pidió a Muñoz Seca que le escribiera un epitafio para sus padres y éste, cumplió el encargo y le escribió el siguiente verso: 

 

Fue tan grande su bondad

Tal su generosidad

Y la virtud de los dos

Que están con seguridad

En el Cielo, junto a Dios

 

En aquella época, los epitafios de las lápidas debían ser aprobados por el Obispo de la diócesis, y el de Madrid no lo aprobó, diciendo que Muñoz Seca no era quien para decir que los difuntos estaban en el cielo junto a Dios. Muñoz Seca, entonces, rectificó y escribió este otro epitafio:

 

Fueron muy juntos los dos,

El uno del otro en pos

Donde siempre va el que muere….

Pero no están junto a Dios,

Porque el Obispo no quiere.

 

El obispo se enfadó y envió un escrito a Muñoz Seca:

 

“Ni yo ni ningún representante de la Sta. Iglesia, intervenimos para nada en el destino de los difuntos, por tratarse de un misterio inescrutable, que ni usted, a pesar de su buena voluntad, ni nosotros estamos capacitados para aclarar”.

 

 

Muñoz Seca volvió a rectificar y escribió el epitafio definitivo:

 

Flotando sus almas van

Por el éter débilmente,

Sin saber que es lo que harán

Porque desgraciadamente

Ni Dios sabe donde están.

 

Una canción por bandera

 

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pero una canción puede valer más que mil imágenes. Escucha esta canción dedicada al «Presidente» (con subtítulos en español).

¿Algo para reflexionar?

¡El Futuro también son nuestros Recuerdos!

 

Cómo si fuera ayer aún tengo presente en la memoria el pasado, ¿no me estaré haciendo viejo?.  El paso del tiempo, del que se dice que todo lo cura, que todo lo sana y que pone a cada uno en el sitio en el que debe estar, suele depararnos pequeños o grandes “Tsunami” revolviendo nuestra vidas, nuestros sentimientos; quizás haciendo que seamos conscientes de que todo en la vida es volátil y que nada es eterno. Más la principal virtud de la vida es que continua inexorable y que, con independencia de los actores que haya, sigue cual rueda de noria girando eso sí unas veces el cangilón arriba y otras veces el cangilón abajo.

 

¡Maraña de sentimientos! ¡Recuerdos! El Futuro también son nuestros Recuerdos.

 

Si se recuerda el pasado es para pensar en el futuro, porque una buena historia es garantía de una esperanza creativa para el porvenir. Los buenos recuerdos no son para saborearlos solos, sino para compartirlos. Y esto es lo que yo quiero hacer hoy. Cuando uno recuerda, el ayer se hace parcelas de nuestra vida, enraizar el presente con los momentos más válidos e intensos de la vida. Por detrás de tantas horas, días y años de trabajo, formando la historia de un pueblo, están muchos nombres y unos rostros que dejaron su juventud, su salud, todas sus energías en una entrega escondida para hacerlo grande y conocido.

 

Hacemos memoria de quienes han estado y ya no están, especialmente de quienes han dejado lo mejor de su vida: algunos fallecidos, otros enfermos o impedidos. Muchos, familiares vuestros. Yo mismo recuerdo a aquellos maestros, educadores, a vuestros padres y abuelos, personas inolvidables y admirables, severos y cumplidores, con saberes reales y real voluntad de transmitirlos. Los de mi generación nunca podremos renunciar a lo que ellos pusieron en el inicio de nuestra existencia.

 

Quiero que mis palabras sean a la vez elogio y elegía del pueblo, del sitio donde nos criamos, aunque en algunas ocasiones la maledicencia pueda reinar.

 

El pueblo hasta hace no muchos años ha sido un mundo y todo el mundo para cuantos vivían en él. Cuando las comunicaciones no rompían el cerco de la vida propia, cuando los viajes no traían rostros nuevos y pocos salían de él, sino para hacer el servicio militar o para ser hospitalizado en La Capital y para poco más, tenía la hondura cultural que ha creado siglos de tradición oral, de refranes acumulados, de canciones pícaras y atrevidas que todos conocéis y cantáis, de relatos vivos, de hechos vividos con densidad dramática y repetidos en familia mientras se cosía, se hacía encaje de bolillos, o en las cuadrillas se murmuraba o se compadecía.

 

Los primeros años de la infancia dan a cada hombre y a cada mujer las categorías con las que encuadra el resto de la existencia. Se es de pueblo o de ciudad. Se puede haber padecido hambre o haber nacido en la abundancia en los primeros años. Se puede haber recibido cuidado excesivo hasta la adolescencia o forzado al trabajo desde la misma infancia. Pero eso años dan al hombre en cuanto ser, sentido: un paisaje, una palabra, una amistad y una experiencia que forman la trama de la vida.

 

Muchos de nosotros somos herederos de la cultura del hombre pobre que se sabe cercano y solidario de su prójimo porque ambos dependían de la tierra, del tempero y de las tempestades; herederos de la cultura abierta a todos y por ello al servicio de todos en el bien, y a merced de todos en el mal, por la envidia, la injuria o la acechanza; herederos de la cultura de la piedad basada en una fe fuerte canalizada en el amor de padres y de prójimos, rechazo del desacato y de la insolencia; herederos de la cultura de la sobriedad y del señorío que nace de la sola ciencia de ser hombre, porque las cosas no definen a la persona; herederos de la cultura del ocio y de la diversión, sin ofender a nadie, como saber personal acreditado en acciones y en habilidades y, sobre todo, en servicialiadad.

 

Y así mirar de frente a la Amistad Verdadera, aquella que nunca es capaz de traicionar la confianza, porque si lo hiciera tan sólo una vez no sería amistad sino sólo Conveniencia. El amigo no me obliga pero me aconseja, no se molesta pero me hace entender, no me anima pero me enseña a ser feliz y no me dice amigo pero me da su amistad. Y sobre todo estará siempre contigo aunque en ocasiones su interior pudiera estar roto.

 

Estos son los valores del pueblo en que muchos de nosotros tenemos como patria de humanidad primera y al que miramos con lágrimas de agradecimiento.

 

Las alforjas de la vida de una persona se van llenando con una mezcla de muchas realidades, pero son grandes los valores que en ellas se almacenan, vividos en torno a una familia, a unos educadores, a unos vecinos, a unos amigos, hombres y mujeres, personas sencillas, trabajadoras, nada retorcidas, ni conflictivas, muy abiertas a ala generosidad y amantes de una convivencia educada.

 

Y con este bagaje recibido quiero mirar también al futuro, no con la mirada del hombre distraído, ni masificado, ni manipulador, sino, únicamente, con la mirada de la vida vivida aquí, desde el agradecimiento a lo mucho que he recibido; y quiero verlo con un criterio de valor y vivirlo en su belleza verdadera y en su bondad auténtica.

 

¿Comprendéis ahora que mis palabras sean a la vez elogio y elegía por el pueblo, por la cultura que son nuestro origen? ¿Y de destierro de la maledicencia, los murmullos y la traición a la amistad?

 

Ahora bien si yo hago elogio de aquello es para reclamaros con urgencia la creación integradora de lo nuevo. Si hoy hago aquí memoria del pasado vivido es para que, apoyándome en ello, fundamentado en esos pilares de grandes y hermosos valores que todos tenéis, se construya un porvenir que engrandezca la vida de este nuestro pueblo. Quien a tiempo no piensa y crea queda convertido en esclavo de personas que lo único que pretenden es aprovecharse de los demás para favorecer únicamente sus intereses.

 

Futuro, y Recuerdos; se acabó la tinta en mi tintero, la pluma quedó seca y vacía la imaginación y vacía el alma. Pasemos página y ahora gritemos al viento la grandeza de la vida y la amplitud del espíritu. Ahora que es la época en que los ocres, los marrones, empiezan a desaparecer nuestros campos, en la que las flores plagan de vivo color el paisaje y preparan la obtención de los mejores frutos de la tierra: uva, melones, sandías, tomates, todos los productos de la huerta; ahora que el sol miente salgamos todos a la calle y vivamos.

 

Y así compartamos mesa y yantares, risas y coloquios, con nuestra familia, con amigos, conocidos y porqué no con desconocidos. Seamos los mejores anfitriones. Saquemos de las orzas los chorizos, de la cámara en los arcones de yeso los jamones, del aceite el queso; pongámonos manos a la obra con la hogaza de pan y hagamos migas, con nuestra huerta pisto, y como mar no tenemos hagamos bueno aquello que de la mar el mero y de la tierra el cordero.

 

Y aquí, cómo mi alma vacía no encuentra el final, confirmando la falta de inteligencia, usaré las palabras de Don Quijote para esta despedida:

 

Señores, vámonos poco a poco, pues en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco y ya soy cuerdo, fui Quijote y ahora sólo un mundanal hombre.

En verdad de mi conciencia,

que yo pensé que ya estaba

dado este libro a la quema;

pero ya “su San Martín

a cada puerco le llega”

que las historias fingidas

tanto más tienen de buenas

de provecho y deleitables,

cuanto a la verdad se acercan;

y las verdaderas, tanto

mejores cuanto más ciertas.

 

 

Pueda con vuestras mercedes el bien hacer y mi verdad volverme a la estimación que de mi se tenía.

 

 

He dicho. Vale.

Juan Jesús Donoso Azañón